Hacer 60 goles en un año es muy difícil hoy en día, si alguien llegara a esa cifra, estaríamos hablando de un fenómeno del fútbol mundial. Los arcos han mantenido las mismas dimensiones, pero pareciera que se han achicado para los delanteros. La especie de “goleador” parece estar en extinción.
En la temporada 1924-1925, el jugador Archibald McPherson, anotó 67 tantos en un año, jugando para el equipo Bethlehem Steel de Estados Unidos, un auténtico record mundial. Veinte años después, en la temporada 1945-1946, el húngaro Ferenc Deak, defendiendo los colores del Szentlörinci AC, estuvo cerca de llegar a esa marca, anotó 66.
Si venimos más acá en el tiempo, se nos viene en el recuerdo, el “gringo” Héctor Horacio Scotta, que jugando para San Lorenzo en 1975, anotó 60 goles, una cifra descabellada para estos tiempos.
Preguntado Scotta, porqué en el fútbol actual habían desaparecido los goleadores de raza, el “gringo” expresó: “el fútbol de ahora es muy defensivo. Hay otra idea futbolística. Antes se jugaba con cinco delanteros, después se pasó a usar tres y ahora a veces juegan sólo con uno. Había mucho potrero. En mi pueblo creo que hasta ladrillos pateábamos. Además, ahora no se practica el remate de media distancia. No sé si tienen miedo. Yo pateaba de cualquier lado. A veces la tiraba a la tribuna y me silbaban, pero no me importaba porque me gustaba el arco. Si un domingo no hacía un gol, volvía a casa amargado”.
“O Rei” Pelé, el máximo goleador de la historia del fútbol profesional, anotó 58 tantos para el Santos en la temporada 1958, su mejor marca personal. Si nos acercamos a los tiempos modernos, la mejor cifra es la del paraguayo José Saturnino Cardozo, que vistiendo la blusa del Toluca de México, anotó 58 goles en la campaña 2002-2003.
Antony Callero
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